La rabia y la impotencia han crecido tanto esta vez que no caben dentro de mí.

El enfado provocado se ha desbordado devorando todo lo que encuentra a su paso.

No puedo evitarlo ni pararlo.

Sé que por mucho que grite, llore y pataleé no servirá de nada.

Mis palabras se ahogarán en tus oídos sordos,

pero no puedo permitir que pisotes sin más mis ideas y principios

y mucho menos ahora que has despertado a mi orgullo.

Sé que he perdido esta guerra antes de empezarla,

y me da igual alargar mi agonía conociendo el final,

pero no pienso dejar que consigas la victoria tan pronto.

Si hubieses actuado dentro de los límites y de buena manera…

Al menos espero que comprendas que no siempre las injusticias pasan de largo

sin que nadie las intente impedir.

Lástima que esto sea así porque sí.

Lástima que en el mundo haya otros incompetentes y egoístas como tú.

Lástima que este enfado mío se haya extendido hasta el infinito

con la única esperanza de que se consuma pronto en forma de lágrimas de impotencia.