Se puede ir en la misma dirección, pero por caminos paralelos y tan juntos que puedes llegar a confundirte. Saltas de un lado a otro llegando a intersecciones, involucrándote demasiado y con el riesgo de ahogarte en los vasos de agua ajenos.

Con la llegada del tiempo parece que el camino se hace algo más desértico y todo porque la señorita paciencia ha decido largarse, y ahora a algunos le molesta que sea sustituida por indiferencia.

He hecho un alto en el camino y no se cuanto va a durar. He conseguido que nadie me encuentre, y los pocos que lo consiguen no pueden llegar hasta mí porque he construido una fortaleza impenetrable. Me he sentado dentro a pensar, me he bebido el agua de mi vaso antes de que me ahogase y el resto los he lanzado fuera.

Quien si ha logrado alcanzarme es la pesada de preocupación al ver como el vacío me devora por dentro, y la verdad es que una vez que se ha largado la visita no me importa no sentir nada dentro, ni que se me reproche que me haya convertido en un puto témpano de hielo, prefiero mirar hacia otro lado, y es que ojos que no ven, esta mierda de corazón que no siente.