Se puede ir en la misma dirección, pero por caminos paralelos y tan juntos que puedes llegar a confundirte. Saltas de un lado a otro llegando a intersecciones, involucrándote demasiado y con el riesgo de ahogarte en los vasos de agua ajenos.
Con la llegada del tiempo parece que el camino se hace algo más desértico y todo porque la señorita paciencia ha decido largarse, y ahora a algunos le molesta que sea sustituida por indiferencia.
He hecho un alto en el camino y no se cuanto va a durar. He conseguido que nadie me encuentre, y los pocos que lo consiguen no pueden llegar hasta mí porque he construido una fortaleza impenetrable. Me he sentado dentro a pensar, me he bebido el agua de mi vaso antes de que me ahogase y el resto los he lanzado fuera.
Quien si ha logrado alcanzarme es la pesada de preocupación al ver como el vacío me devora por dentro, y la verdad es que una vez que se ha largado la visita no me importa no sentir nada dentro, ni que se me reproche que me haya convertido en un puto témpano de hielo, prefiero mirar hacia otro lado, y es que ojos que no ven, esta mierda de corazón que no siente.

Siempre habrá comentarios y consejos a cientos y alguno que otro que sienta esa preocupación e intente con todas sus fuerzas hacerte regresar. Lo malo es que cuando uno se interna en su propia fortaleza de nada sirven las palabras de otros, ni los consejos, ni las súplicas, sólo el tiempo (y tú mismo) puede cambiar las cosas de lugar... y a veces uno se levanta con ganas de respirar aire nuevo. 1 Besiño
Creo que a veces viene bien recluirse en uno mismo. A mí me ayuda a pensar y respirar tranquilamente para volver con más fuerzas (y en ocasiones reunir muchísima paciencia). No me importa ser egoísta ni que me lo echen en cara, pero es que a veces acostumbramos mal a las personas y si finalmente uno mismo no mira por sí mismo ni se toma su tiempo, el resto tampoco lo hace (es algo que alguien me enseñó y a mí me costó bastante comprenderlo).
Besos.